4.1. Tipologías

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En el año 314 a.c. apareció la primera psicología de la personalidad. Su autor fue Teofrasto sucesor de Aristóteles al frente del Liceo. En ella describe muchos caracteres típicos. El tipo del "fanfarrón", por ejemplo, es descrito en estos términos:

"La fanfarronería consiste en aparentar méritos que no se tienen. El fanfarrón, por ejemplo, se pasea por el muelle y cuneta a los extranjeros que él tiene mucho dinero invertido en el mar. Luego se extiende en detalle acerca de los riesgos marítimos y de todo lo que ha ganado y perdido. Mientras alardea de ese modo, manda a su esclavo al banco. Y en su cuenta no hay más que un dracma".

Estas tipificaciones son divertidas, y siempre han atraído a toda clase de escritores. Pero desde el punto de vista científico son muy cuestionables. El mayor peligro de ellas es la generalización prematura. W. Hellpach (1938) ha resumido así los riesgos de este método de clasificación: "Para nuestra percepción, los grupos de seres vivos se identifican tanto más con un tipo, cuanto más lejos están de nosotros o más extraños nos resultan, y cuando más próximos y familiares, tanto más se destacan como individuos".

Tipología antigua

Antes de Teofrasto, Hipócrates desarrollo una teoría basada en los cuatro humores principales del cuerpo humano:

  • La bilis amarilla (chólos).
  • La bilis negra (mélas chólos).
  • La sangre (lat.: sanguis).
  • La flema (phlegma).

  • De estos cuatro humores se derivan otros temperamentos:

  • El colérico (estados anímicos vivos, tensos, que cambian rápidamente y se hallan siempre vueltos al exterior).
  • El melancólico (estados anímicos vivos, tensos, que cambian lentamente y se hallan siempre vueltos al interior).
  • El sanguíneo (estados anímicos débiles, relajados, que cambian rápidamente y se hallan casi siempre vueltos al exterior).
  • El flemático (estados anímicos débiles, relajados, que cambian lentamente y se hallan vueltos al interior).

  • Tipología moderna Entre los años veinte y cincuenta del siglo xx, hubo un boom de tipologías, entre otras las relativas a los tipos de carácter personal (Rorschach: introvertido, extravertido, coartado, ambiecual, dilatado), los tipos de concepciones (Jaensch: global, detallada), los tipos de funciones esenciales (Pfahler: según la atención, la perseverancia, la expresividad emocional, la actividad y el placer-displacer), los tipos de concepciones del mundo (Dilthey: materialismo, idealismo, vitalismo), los tipos de funciones (Jung: tipos de pensamiento, de sensación, de sentimiento, de intuición) y los tipos de formas de vida (Spranger: estética, económica, religiosa, social, teorética y política). De todas ellas casi la única que ha sobrevivido es la tipología de las constituciones de Kretschner.

    Esta parte de criterios morfológicos observables y su relación con un conjunto de trastornos mentales. Y distingue tres tipos: el ciclotímico (morfología pícnica), el esquizotímico (morfología leptosómica) y el baricinético (morfología atlética), además de sus variantes extremas: cicloide, esquizoide y epileptoide. Estadísticamente, el grupo displásico, que no cabe del todo en ninguna clasificación, es el más numeroso. Esta ausencia de tipos "puros" en la práctica es la razón de que estas tipologías no tengan hoy día más interés que el histórico.

    Tipología metódica Desde los años cincuenta, las tipologías han pasado del estudio de las personas al de los procesos psíquicos. Desde entonces se intenta definir los diversos objetos de investigación, como, por ejemplo, la memoria, la creatividad o los trastornos psíquicos, según sus características y agruparlos en clusters (conjunto, grupos) con ayuda de procedimientos matemáticos y estadísticos.

    A estas sistematizaciones se les llama clasificaciones taxonómicas. La taxonomía designa aquí el esquema categorial jerarquizado de una matriz de semejanzas o correlaciones. Estas se obtienen por reducciones de datos, casi siempre de modo ascendente (aglomerativo; más raramente descendente o disociativo), es decir, desde un nivel inferior hasta otros superiores (frecuentemente dos). El nivel inferior, o el de los indicadores, agrupan todos los datos relevantes. El nivel medio, o nivel de tipologización, constituye, por reducción de los datos (p.e., mediante análisis factorial, v.p.73), la etapa siguiente de fusión. El nivel superior, o nivel del sistema, sintetiza todos los tipos de caracteres posibles [14].


    Bibliografía

    [14] Hellmuth B. (2009), "Atlas de Psicología, Volume 1", España, AKAL.


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